Coto de caza
07/04/2025. Mar de Japon. El silencio denso del océano nos envolvía, un manto oscuro y húmedo que contrastaba con la adrenalina que aún palpitaba en nuestras venas. Horas habían transcurrido desde que las explosiones sordas habían sacudido el casco del Varyag, un eco lejano que aún resonaba en la quietud de nuestro mundo de acero. Doce torpedos lanzados, ocho impactos confirmados. Un golpe maestro, directo al corazón del orgullo de la flota rusa del Pacífico. En la sala de control, la tenue luz roja de los instrumentos iluminaba rostros cansados pero exultantes. La moral era un torrente subterráneo, una mezcla de alivio por haber sobrevivido al lance y euforia por el éxito. El capitán Sato, con su habitual semblante impávido, esbozó una leve sonrisa mientras revisaba los informes. "Buen trabajo, caballeros," murmuró, su voz apenas audible por encima del zumbido constante de los sistemas. "Un golpe certero. Han sentido nuestra mordida." El sonarista, joven pero con n...