domingo, enero 11, 2015

La patrulla del Sargento Sariff


El ejército de Socotra se había formado con bastante rapidez, era una mezcla de nuevos reclutas con antiguos militares que habían servido en el ejército yemení. Gran parte de su equipo era de procedencia americana, casi todo bastante antiguo.

La patrulla del sargento Sariff estaba formada por cuatro hombres, solo dos de ellos disponían de armas modernas. Sariff, que hasta que exploto la revolución había sido pastor de cabras,  distribuyo sus armas conforme la experiencia de sus hombres, armando al más joven con una antigua Thompson. El cabo Hammed disponía de una carabina M-2, tenía buena puntería y le gustaba este arma ya que su retroceso era menor que el de los fusiles de asalto más modernos.

El ejército había asumido las funciones de la antigua policía, y la patrulla de Sariff había sido enviada a vigilar las afueras de Qalansiyah.  Un turista había sido atacado cuando hablaba con una joven local, teniendo que refugiarse en una casa cercana, desde donde habían aviso a las autoridades.
 

Tras hablar con la pareja, salió de la casa solo vio a un joven negrito que nervioso, intentaba esconderse. Así dividió su patrulla en dos. Él avanzó con el cabo, mientras que uno de los soldados rodeaba la casa.
 
 

Pronto aparecieron varios hombres con el rostro tapado y fuertemente armados con armas automáticas. El cabo corrió hasta un muro cercano, grito que se detuvieran y dejaran las armas en el fuego. Los hombres seguían avanzando, disparo sobre uno de ellos que cayó al suelo.
 

Al otro lado de la casa el soldado vio como varios hombres avanzaban sobre él y aunque el fuego de su arma hizo esconderse a uno de ellos el fuego cruzado le hizo retroceder. Lo mismo hizo el cabo tras recibir fuego desde una posición desconocida decidió volver sobre sus pasos y protegerse sobre el sólido muro de la casa.

 
El sargento se arrastró hacia un muro exterior de la casa, con la intención de ver mejor a los atacantes, los hombres armados parecía que se habían esfumado, llevándose con ellos al joven negrito. Cuando todo parecía que había acabado sonó  un ruido tan seco como aterrador, atravesó el campo de batalla, y se cobró la vida del más joven de los soldados.

Había sido el bautismo de la patrulla del Sargento Sariff, el pastor de cabras.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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